«¿Qué debo hacer para ser salvo?»

Por Phillip Gray, La Verdad Para el Mundo

El carcelero pagano les preguntó a Pablo y a Silas en Filipos, «¿qué debo hacer para ser salvo?» (Hechos 16:30). Es la pregunta más importante que nunca podemos hacer. Cada uno de nosotros debe de enfrentarse directo con esta pregunta para ver si entendemos la respuesta correcta. Acerca de esta pregunta, «¿qué debo hacer para ser salvo?» existe probablemente más de la ignorancia, más del prejuicio, y más del error religioso que para cualquier otra. Después del himno, pienso pasar algunos minutos con Ud. retándole a meditar en esta pregunta más importante de la vida, «¿qué debo hacer para ser salvo?»

«¿Qué debo hacer para ser salvo?» fue la pregunta del carcelero de Filipos en Hechos 16:30. Para entender su significado, hay que ver algo del contexto. Pablo y Silas habían llegado a la ciudad de Filipos para predicar el evangelio. Mientras predicaban, una muchacha que tenía espíritu de adivinación les seguía dando voces y diciendo, «Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación» (Hechos 16:16,17). Cuando Pablo se cansó de eso, echó fuera al espíritu y la sanó. Puesto que sus amos habían recibido gran ganancia por ese talento perverso de la muchacha, les acusó a los apóstoles y les hicieron ser azotados y echados en la cárcel. A pesar de su aflicción, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos en la cárcel. Era obvio que fueron muy religiosos. Es probable que el carcelero les oyó también. Además, supo algo de la acusación contra ellos y el hecho de que habían anunciado «el camino de salvación» como decía la muchacha por adivinación (Hechos 16:17). Por tanto, el carcelero tuvo alguna idea de la salvación, pero siendo pagano, no supo mucho del camino. A la medianoche, vino un gran terremoto que sacudió los cimientos de la cárcel y abrió todas las puertas. Mas los presos no huyeron. El carcelero se sintió en la crisis más seria de su vida pensando que habían salido, e iba a matarse, cuando Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pabo y de Silas; y sacándoles, les dijo, Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.» (Hechos 16:28-30). Sigue el narrativo diciendo que les lavó las heridas la misma hora de la noche y en seguida se bautizó él con todos los suyos (versículo 33). (Para más de esto, o para inscribirse en nuestro curso bíblico por correspondencia, escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

«¿Qué debo hacer para ser salvo?» es la pregunta que hay que hacer hoy día también. La única respuesta segura se encuentra en la bíblia. Pero, tenemos que estar advertidos que no se encuentra la respuesta completa solamente en uno o dos versículos. Es necesario buscar el contexto y comparar varios versículos en varios libros para tener la respuesta comprensiva a la pregunta, «¿qué debo hacer para ser salvo?» Esto será nuestro método en este estudio.

«¿Qué debo hacer para ser salvo?» En primer lugar, para ser salvo, hay que oír el evangelio de Cristo. Romanos 10:17 dice: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.» La religión de Cristo depende de una revelación especial de Dios para los hombres. Esa revelación fue dada al principio en el huerto de Edén, y posteriormente a través de los patriarcas de las familias, y por Moisés en el Monte de Sinaí, y por los profetas de Israel. No obstante, Hebreos 1:1-2 dice: «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.» Cristo nos habla a través de sus apóstoles seleccionados y sus compañeros sobre los cuales fueron impuestos las manos de los apóstoles para que ellos asimismo recibiesen el poder del Espíritu Santo para recordar las palabras de Cristo y para ser guiados a toda la verdad (Juan 14:26; 16:13; Hechos 8:17-18). Específicamente nos habla por los escritos de aquellos hombres, es decir, por la bíblia (2 Timoteo 3:16,17). Por tanto, para ser salvo, hay que oír para conocer cual es la voluntad del Padre celestial. Es algo que no puedo discernir de mi propia cuenta, tampoco por visiones, o por sueños, o por la aparición de ángeles (Galatas 1:8-9). Es solo por oír la palabra, la bíblia, que puedo ser salvo. Pedro dijo en Hechos 15:7, «Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen.» Entonces, el oír es el primer paso en el camino de salvación porque es la única forma para hacer el segundo paso. (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia 30180; Apartado 515, Villa Rica, Georgia 30180.)

El segundo paso, tras oír el evangelio, es creer en Cristo, como Pablo y Silas le dijeron al carcelero, «cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa» (Hechos 16:31). Es obvio que el carcelero en este mismísimo momento no supo mucho de los hechos acerca de Cristo. Entonces, si Pablo hubiera salido en aquel momento, el carcelero no hubiera conocido bastante para realmente creer en Cristo. Fue necesario quedarse por unas horas y explicarle cómo uno puede creer en Cristo. El creer es lo mismo que tener fe en Cristo. Tal fe es imprescindible. Juan 3:18 advierte: «El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.» Pero, bíblicamente la fe es más que solo estar de acuerdo con los datos acerca de Jesús, o aceptarlo en el corazón. Es eso, pero es más. Para tener la fe bíblica, uno tiene que confiar en él hasta el punto de estar sometido por la plena obediencia. La fe bíblica es comprensiva. La fe bíblica no rehusa cumplir los pasos de salvación mandados por Cristo. Entonces, no es la salvación por la fe solamente (Santiago 2:24).

Al creer verdaderamente en Cristo, uno va a estar dispuesto naturalmente arrepentirse de sus pecados, el tercer paso en el camino de salvación. ¿Por qué? Porque así nos manda Cristo. Cristo dijo en Lucas 24:47 que «se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones….» Pedro el apóstol interpreta por el Espíritu Santo el significado de este dicho en Hechos 2:38. Cuando los judíos el día de pentecostés hicieron una pregunta semejante a la pregunta «¿qué debo hacer para ser salvo?» diciendo, «varones, hermanos, ¿qué haremos?» Pedro les dijo: «arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo» (Hechos 2:38). Hay que arrepentirse de sus pecados (Hechos 17:30,31).

En cuarto lugar, hay que confesar el nombre de Cristo como su Salvador. Romanos 10:9,10 dice: «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.»

Y por fín, el quinto paso en el camino de salvación es ser bautizado, es decir, inmersionado en agua para perdón de los pecados (Hechos 2:38). Cristo dijo: «El que creyere, y fuere bautizado será salvo, mas el que no creyere será condenado (Marcos 16:16). Por lo tanto, al oír el evangelio de Cristo, la verdad, hay que creer en Cristo como el Hijo de Dios resucitado, hasta el punto de estar dispuesto a arrepentirse de sus pecados en su nombre, de confesar su nombre ante los hombres (Mateo 10:31,32), y de someterse a la acción pasiva del bautismo para perdón de sus pecados. En ese último paso en el camino de salvación, uno entra en Cristo. Romanos 6:3 dice: «¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?» Solo en Cristo se obtiene la salvación (2 Timoteo 2:10). ¿Ha tomado Ud. esos cinco pasos bíblicos en el camino de salvación? Gracias, y hasta la próxima.

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