«El Poder de La Decisión»

Por Phillip Gray, La Verdad Para el Mundo

El hombre ha sido dotado con el libre albedrio, con el poder de escoger, de hacer sus propias decisiones. En 1 Reyes 18:21, Elías el profeta de Dios les retó a la gente: «¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra.» En seguida, Elías propuso el famoso test entre los falsos profetas de Baal el la verdad de Dios mediante el fuego del cielo. El punto es que el pueblo en ese entonces tuvo el poder de la decisión, igual que en Josué 24:15, donde Josué les retó: «Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.» El líder robusto de Israel les retó a escoger hoy a quien iban a servir. La raza humana tiene el poder del escogimiento, de la decisión. Después de nuestro himno, veremos la importancia de este hecho para su vida y mi vida, estimado oyente:

Estamos dotados con el libre albedrío. Tenemos el poder de hacer las decisiones. Eso conlleva ciertos privilegios. Al mismo tiempo, conlleva muchas responsabilidades. La primera pareja, Adán y Eva fueron creados por Dios con el poder para escoger. Les mandó no comer del fruto del árbol prohibido en Génesis 2:16. Pero, el hombre ejerció su voluntad y escogió mal—desobedeció a Dios. Tenemos el poder de decidir. Juan 7:17 dice: «El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.» Cristo invitó en Mateo 11:28: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.» Tenemos el poder de escoger. (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; repito, Apartado 515, Villa Rica, Georgia 30180.)

La teoría del determinismo—de cualquier índole—está equivocada. Muchos han subestimado el poder de la decisión. A veces, los biólogos u otros científicos hablan de la influencia de la herencia, de la influencia genética. Es cierto que nos influye lo que heredamos de nuestros padres. Pero no es decisivo. Al fin y al cabo, la decisión de obedecer o de desobedecer a Dios es nuestra. Acaz, el rey impío de Judá, engendró a un hijo que fue muy justo y bueno, Ezequías (véase 2 Reyes 18, por ejemplo). En cambio, en la historia de Samuel, ambos Elí y el justo Samuel tuvieron hijos malos. Es que, la materia genética no determina nuestras decisiones en la vida. Tampoco nuestro ambiente, o sea, nuestra crianza. (Filpenses 4:22 muestra que habían cristianos en la casa de César. Eso fue el cruel césar Nerón.) No somos productos de nuestro circunstancias familiares o sociales sino de nuestras propias decisiones. Hay tres principios que tenemos que recordar respecto a nuestro libre albedrío:

En primer lugar, el poder de la decisión es inescapable; es inevitable. Por ejemplo, su decisión de quién va a ser su amo es inevitable. Puede pensar, «no tengo amo, soy libre.» Pero se engaña a sí mismo, porque Romanos 6:16 explica que todos tenemos a un amo, o sea el pecado, o sea la justicia. Podemos escoger al amo a quien queremos servir. Pero, últimamente la decisión es muy estrecha y las alternativas se reducen a dos, nada más. Hay que decidir entre Dios, o los ídolos (1 Reyes 18:21). Hay que decidir entre Cristo o Satanás. Dijo en Mateo 6:24: «Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dis y a las riquezas.» La neutralidad es imposible. Algunos piensan, «bueno, no me opongo al cristianismo. Veo que hace buenas obras y que les ayuda mucho a la gente. Pero, al mismo tiempo no acepto el cristianismo. Me quedo neutro e indiferente.» Eso es imposible. Cristo declaró: «El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama» (Mateo 12:30). Su decisión de su amo en la vida es inevitable.

Además, su decisión de qué causa va a defender es inevitable asimismo. Al alcanzar 40 años de edad, Moisés tuvo accesso a todas las riquezas, todo el placer, y toda la ciencia de Egipto, pero escogió antes ser maltratado con el pueblo de Dios que gozar los deleites temporales del pecado (Hebreos 11:24-25). Se dedicó a una causa más grande que sus propios placeres. Tal decisión de una causa por la cual viveremos o moriremos nos enfrenta a todos nosotros. Cristo escogió sufrir por el mundo (Filipenses 2:5-8). Pablo escogió sufrir la pérdida de todo por Cristo (Filipense 3:7). Hemos admirado a aquellos que han escogido morir por una causa que creían fue más noble que ellos mismos. A pesar del ateísmo del Che, el marxista casi mesiánico—parece que todos, aún los ateos, anhelan a un cristo— podemos admirar su sacrificio en Bolivia y su muerte por una causa, aunque estuviese tan equivocada esa causa. Cuánto mejor es el escoger una causa más grande que nosotros que sea la verdadera y la única, la causa de Cristo. Otra cosa, la decisión de nuestro destino final es la nuestra (Mateo 7:13,14—o sea la puerta estrecha, y la puerta ancha. (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

En segundo lugar, el poder de la decisión es cosa individual. Nuestras decisiones no somos productos de las fuerzas económicas o sociales como alegan algunas teorias, como el comunismo o el posmodernismo contemporáneo por el mundo occidental. En el principio, Dios no creyó a los grupos étnicos, sociales o económicos, sino al hombre y a la mujer individual. También, Cristo me salva a mí y le salvará a Ud., individualmente, no por nuestros grupos sociales. La invitación es personal (Mateo 11:28-30). La aceptación o el rechazo es personal e individual. Y Dios me juzgará y le juzgará a Ud. personal e individualmente al fin. Romanos 14:12 declara: «De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.» Puesto que somos creados, salvados, y seremos juzgados como individuos, entonces tenemos que hacer nuestras decisiones como individuos. Ese decisión es independiente de mi familia, de mis amigos, de las encuestas de las opiniones populares, o de las circunstancias económicas. Uno no es pecador porque el sistema económica haya determinado que sea así. Tampoco es cristiano porque la sociedad o el ambiente político en los cuales se encuentra lo hayan causado. Uno es pecador, o uno es cristiano salvado, porque ha hecho la decisión por si mismo.

En tercer lugar, el poder de la decisión no es solo inevitable, e individual, sino es inmediato. ¡Es inmediato! Bueno, hay algunas decisiones no-inmediatas. Por ejemplo, su carrera, su educación, con quién va a casarse. Hay tiempo para tales cosas, hay tiempo. Pero, no tenemos ninguna promesa del suficiente tiempo para demorar nuestra fe y obediencia. 2 Corintios 6:2 advierte: «...he aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí el día de salvación.» Y Hebreos 3:15 dice: «si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.» Hoy es el día de la decisión. Hoy es el día de su salvación, o puede ser el día de su perdición. Su día de decisión terminará en la muerte. Hebreos 9:27 destaca: «y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.» La incertidumbre de la vida hace que sea absurdo esperar su obediencia hasta otro día. Si Ud. cree en Cristo, si está dispuesto a arrepentirse de sus pecados (Lucas 13:3). Si quiere confesar a Cristo (Romanos 10:9,10). Y si cree al punto de someterse al bautismo, la inmersión en agua (Hechos 2:38; Romanos 6:3-4), debe de hacerlo hoy mismo. Su salvación no es asunto del decreto divino, tampoco por accidente, ni por suerte, ni por casualidad, sino por su propia decisión. Su decisión es inevitable, es individual, y es inmediata. Gracias, y hasta la próxima.

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