«La Ley de Sembrar y Segar»

Por Phillip Gray, La Verdad Para el Mundo

Se habla de un árbol llamado el «árbol de Judas.» Ese árbol es una buena comparasión entre el engaño en la naturaleza física y el engaño del pecado. La flores del árbol de Judas son del color carmesí y brotan antes de las hojas. La belleza del árbol atrae millares de insectos. Por ejemplo, las avispas beben del néctar para producir la miel. Pero, no saben que es un veneno fatal. Debajo de sus ramas se encuentran una multitud de insectos muertos. El árbol de Judas ilustra el engaño del pecado. El apóstol Pablo escribió en Gálatas 6:7-8: «No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.» Después del himno, volveremos a estudiar la ley de sembrar y de cosechar:

Estamos estudiando la ley de sembrar y de cosechar. Es una ley que aplica tanto en el mundo físico como en el mundo espiritual. En primer lugar, de acuerdo con la bíblia, el cosechar es una consecuencia inevitable del sembrar. Gálatas 6:7 declara: «No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.» El texto no dice, «posiblemente» segará o «tal vez» segará sino «eso también segará.» Proverbios 22:8 había advertido: «El que sembrare iniquidad, iniquidad segará.» Oseas 8:7 habla de los malhechores que «sembraron viento, y torbellino segarán.» Hoy día, muchas personas no creen en este principio. Por ejemplo, algunos padres piensan que pueden vivir vidas pecaminosas delante de sus hijos sin hacerles daño por su mal ejemplo. Es mentira. Los jóvenes piensan que pueden sembrar a la carne ahora y luego no segar una cosecha de la miseria y la vergüenza. Muchos siembran al alcoholismo. Piensan que pueden sembrar un poco de ese placer mundano hoy sin preocuparse de las consecuencias mañana. Proverbios 23:31 dice: «No mires al vino cuando rojea, cuando resplandece su color en la copa. Se entra suavemente; mas al fin como serpiente morderá y como áspid dará dolor.» Otros siembran a la inmoralidad sexual. Pero, la fornicación, o sea el sexo fuera del matrimonio, es pecado (Gálatas 5:19). Otros siembran al materialismo y a la adquisición de las riquezas, mas la bíblia dice que «raiz de todos los males es el amor al dinero» en 1 Timoteo 6:10. Es seguro, el segar es consecuencia inevitable del sembrar. (Para inscribirse en nuestro curso bíblico por correspondencia, escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

En segundo lugar, segaremos como hemos sembrado. Génesis 1:11,12 habla del segar «según su género.» Oseas 10:13 dice, «habéis arado impiedad, y segasteis iniquidad.» Es que, la justicia con frecuencia toma una forma similar a la crimen. Por ejemplo, Jacobo, el engañador en Génesis capítulos 27 y 37, asimismo fue engañado. David el Rey, manchó a un hogar por su codicia, y sufrió más tarde la mancha de su propia familia. Hoy en día, cuando los padres se divorcian, luego sus hijos también no pueden mantener sus matrimonios y también se divorcian. Si los padres no son fieles en la asistencia a los cultos de la iglesia, tampoco serán sus hijos después. Muchas veces, segaremos como hemos sembrado. (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

En tercer lugar, a veces segaremos más de lo que hemos sembrado. Oseas 8:7 les advertió al pueblo de Dios desviado que habían sembrado el viento, y que iban a segará el torbellino. De hecho, el pecado—cualquier pecado—no arrepentido siempre es así. Por ejemplo, si pecamos contra nuestros propios cuerpos, pasando pocos momentos en la inmoralidad y del placer carnal, segaremos una vida entera de la vergüenza y el dolor, y posiblemente la eternidad en el castigo eterno. Isaías 57:20,21 dice: «Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo. No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos.» Muchas veces la gente habla de los «pecadillos» y los «delitos» como las ofensas ligeras de las cuales Dios no toma en cuenta. Sin embargo, bíblicamente, cualquier pecado que cometemos que no sea perdonado por la sangre de Cristo es suficiente para condenarnos eternamente. El pecado es así. Es una ofensa enorme en los ojos de Dios. Es una ofensa contra la santidad del Soberano del universo, y por ende merece el castigo. Por tanto, tenemos que tener cuidado al pensar en los pecados grandes y pequeños. Aunque ciertos pecados pueden producir los resultados más graves que otros en cuanto a las consecuencias para otras personas afectadas por nuestras acciones, no obstante cualquier pecado—aún solamente un pecado—que no sea propiciado por la sangre derramada de Cristo es suficiente para condenarnos. Por eso, segaremos más que hemos sembrado. «Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción» dijo el apóstol en Gálatas 6:8. (Para inscribirse en nuestro curso bíblico por correspondencia, absolutamente gratis, escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia 30180.)

Estamos estudiando la ley de sembrar y de cosechar. El texto es tomado de Gálatas 6:7-8. Ya vimos que de acuerdo con los principios bíblicos, el segar es consecuencia inevitable del sembrar, y que segaremos como hemos sembrado, y que segaremos más que hemos sembrado. En cuarto lugar, segaremos por más tiempo que hemos sembrado. Es así en el mundo físico también. El agricultor siembra por un día, pero puede cosechar la mies por varias semanas o hasta algunos meses. En el mundo espiritual, si sembramos por algunos días del pecado, y si no recibimos el perdón que solamente puede venir por la sangre de Cristo, segaremos el castigo eterno. Mateo 25 registra la descripción de Cristo de la escena del juicio en el día postrero. Al hacer dos divisiones en toda la humanidad que nunca ha vivido, versículo 41 dice de Juez: «Entonces dirá también a los de la izquierda: apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.» Luego, en versículo 46 agrega: «E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.» La palabra traducida «eterno» en la frase «el castigo eterno» es de la misma palabra en el griego que la palabra «eterna» en la frase «la vida eterna.» Por tanto, por cuanto tiempo que durará el premio en los cielos para los justos con Dios y Cristo y el Espíritu Santo y todos los ángeles, así durará el castigo para los impíos que ignoran a Cristo y que rechazan el evangelio. Judas 7 habla de los habitantes que una vez vivieron en Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas que habían fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza. Añade que aún en el tiempo de Judas en el primer siglo después de Cristo, esos pecadores estaban «sufriendo el castigo del fuego eterno.» ¡Qué triste! Al pecar por unos cortos días aquí en la tierra, una persona sufrirá por siempre en el fuego del infierno si no es limpiada de su maldad por la sangre de Cristo. Es cierto, segaremos por más tiempo que hemos sembrado. Por tanto, hay que sembrar al Espíritu para segar vida eterna (Gálatas 6:8). Se siembra al Espíritu por, primero, la fe y la obediencia al evangelio. Es necesario oír el evangelio y creer en Cristo como su Salvador resucitado de los muertos (Juan 8:24; Romanos 10:9,10). Además, al creer, uno tiene que obedecer a Cristo por arrepentirse de sus pecados (Lucas 13:3), y por confesar con sus labios el dulce nombre de Jesús como el Hijo de Dios (Romanos 10:9,10), y ser bautizado (inmersionado) en agua para perdón de sus pecados (Hechos 2:38; Marcos 16:16). Al obedecer así el evangelio de Cristo, Cristo le añadirá a su iglesia (Hechos 2:47), donde Ud. tendrá que servirle fielmente hasta el fín. Gracias, y hasta la próxima.

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