«1 Tesalonicenses 5:12-28—Las Relaciones Harmoniosas (No.8)»

Por Phillip Gray

La presente es la última lección en una série larga acerca de la primera epístola a los Tesalonicenses. Vamos a concluir con el capítulo 5, los versículos 12-28, una porción del texto que se puede llamar en general, «las relaciones harmoniosas.» (Para inscribirse en nuestro curso bíblico por correspondencia, escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; repito, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

Los conflictos son hechos de la vida cotidiana, en la política, en el trabajo, en la familia, y en la iglesia. El apóstol Pablo aquí provee una fórmula divina para evitar, o por lo menos, minimar los conflictos. ¿Cómo tener las relaciones más pacíficas y harmoniosas en la iglesia? Bueno, la primera cosa es que tenemos que reconocer el arreglo apropiado y establecido por Dios. Escribe Pablo en 1 Tesalonicenses 5:12-13: «Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros.»

La clave para tener tal paz es manifiesta en el texto. Dice, que tenemos que «reconocer» a los que trabajan entre nosotros y que nos presiden en el Señor. «Reconocer» es una traducción de la palabra griega oida, y sugiere la idea de percibir, o de conocer. Es una palabra que conlleva el concepto de la plenititud del conocimiento. En el contexto, la idea es muy parecida a la idea de respetar a los que presiden. Nos hace falta el respeto debido para los que trabajan entre nosotros y que presiden sobre nosotros. «Presidir» es de proistemi y significa literalmente, «estar en frente de» y por ende, «dirigir» y «atender.» Algunos la traducen en el sentido de «proteger» hasta «ayudar.» Dependiendo del énfasis que uno da al aspecto de la autoridad involucrada, algunos piensan que se refiere a los ancianos de la congregación que tienen la responsabilidad del liderazgo. Otros piensan que se refiere a los que ministraban más que nada en la palabra, es decir en este contexto, a los profetas o sea predicadores. Yo creo que es probable que tiene algo de la idea del liderazgo. Por eso, los que trabajan y presiden pueden ser los ancianos de la congregación que además tienen el don de la profecía y que enseñan la palabra. Para preservar la tranquilidad, los cristianos han de «estimar» a los que trabajan en la palabra y que presiden entre nosotros. ¿Por qué? Por la dignidad de su obra. No hay nada más importante que la predicación de la palabra. Entonces, se mantiene la paz, en primer lugar, por reconocer el órden, o sea el arreglo, apropiado para la congregación.

En segundo lugar, se mantiene la harmonía por procurar a tener la paz. ¿Cómo? El versículo 14 contesta: «También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.» Aquí nombra algunos pasos positivos para guardar la paz en la congregación. Tienen que comenzar o seguir a cumplir ciertas cosas.

Primero, «amonestar» a los ociosos. «Amonestar» significa «señalar las cosas malas en la vida de uno y advertirle a dejar de hacerlas.» Habían hermanos ociosos en la nueva iglesia en Tesalonica. La palabra «ociosos» traduce un término militar que quiere decir «no llevar el paso.» Por lo mismo, Pablo amonesta en 2 Tesalonicenses 3:10, «Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma.»

Segundo, para guardar la paz tenían que alentar a los de poco ánimo. Eso es, «animar» y «dar fuerza, esperanza, y coraje» para los desanimados. El desánimo es una disposición o actitud. Algunos se sienten desanimados por la persecución a causa de la fe. Otros por los problemas diarios en casa, o por reconocer sus propios fallos personales. La palabra de vida hablada en el momento preciso puede ser de mucho ánimo.

Tercero, para tener la paz los tesalonicenses tuvieron que sostener a los débiles. En vez de solo una actitud, los débiles de veras lo son. Tenemos que dar fuerza y apoyarlos. «Sostener» significa al pie de la letra, «pegarse» o «asir» a los débiles, y no permitir que Satanás los tenga tan facilmente.

Cuatro, para tener la paz (versículo 14), hay que ser pacientes para con todos. «Ser» paciente tiene el concepto de un rasgo permanente en la vida, el caracter de uno. «Pacientes» sugiere un espíritu de mansedumbre y la capacidad para soportar las molestias de los débiles y los desalentados sin airarse facilmente. Hay que ser pacientes, de hecho, para con todos, incluso los hermanos, nuestros familiares, los vecinos, nuestros compañeros de trabajo, hasta los mismos mundanos que nos persiguen. Entonces, 1 Tesalonicenses 5:12-14 muestra cómo guardar la paz por hacer ciertas cosas.

Sigue explicando el apóstol en el próximo versículo cómo guardar la paz por dejar de hacer otras cosas. (Para inscribirse en nuestro curso bíblico, escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia,30180.) Escribe: «Mirad que ninguno paque a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos» (versículo 15). «No pagar mal por mal» es un desafío grandísimo en el cristianismo. Para el ojo de carne, parece más efectivo y más práctico pagar mal por mal. Si uno me ha trabajado un mal, le debo el pago de otro mal. No obstante, la venganza pertenece al Señor. Romanos 12:19 agrega, «No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor» (citando Deuteronomio 32:35). El Señor le paga en uno o dos maneras: por el estado cuando esté cumpliendo la voluntad divina (Romanos 13:4, donde dice que no en vano lleva la espada el gobierno), o por el juicio final (2 Tesalonicenses 1:7-9). Es una tentación vengarse de uno por nuestro sentido fuerte del derecho y de la justicia, pero el poder más fuerte puede dejar pacientamente que el Señor paque. En vez de la venganza, hay que seguir lo bueno para otros. Entonces, se mantiene la paz por dejar de hacer estas cosas como por comenzar a hacer las cosas mencionados anteriormente. (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

Ahora, Pablo recalca la necesidad de consagrar nuestros sentimientos y nuestra conducta al Señor. Dice, «estad siempre gozosos.» ¿Por qué? Porque somos salvos. El cristianismo es la psicología buena y celestial. Añade, «orad sin cesar.» Claro que esto simplemente quiere decir, «siempre listo» a orar, porque literalmente Pablo no estuvo orando en ese momento sino escribiendo. Hay que siempre confiar y estar dispuesto a orar. Próximo: «dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús,» como dice el corito que a veces entonamos. Además, «no apaguéis al Espíritu.» El Espíritu aquí es comparado a un fuego. A lo mejor, no apagar al Espíritu se refiere a los dones milagrosos del Espíritu que algunos cristianos poseían en el primer siglo, en particular, el don de la profecía. Los espíritus de los profetas estaban sujetos a los profetas (1 Corintios 14:32). Debieron de permitir que ese don trabaje en ellos en vez de apagarlo. Esto fue un fenómeno limitado para su tiempo en esa edad de los milagros. Continúa escribiendo, «no menospreciéis las profecías» (1 Tesalonicenses 5:20). Las profecías dadas por la inspiración y milagro de Dios en aquel tiempo fueron la fuente de la revelación especial junto con las Escrituras del Antiguo Testamento. A medida que fueron escritas, esas profecías vinieron a ser las Escrituras del Nuevo Testamento para nosotros. Añade, «Examinadlo todo; retened lo bueno» (versículo 21). No debemos de aceptar toda enseñanza, o todo alegato de ser una profecía de Dios, sino probar las enseñanzas de acuerdo con el modelo de la sana doctrina (1 Juan 4:1). Otra cosa: «Absteneos de toda especia de mal.» Esto es cómo nosotros subjectivamente nos consagramos al Señor

Los versículos 23-24 muestran como Dios objectivamente nos consagra, o sea, nos santifica. «Y el mismo Dios de paz os santifique por completo.» Santifica todo aspecto de nuestro ser, el espíritu, el alma, y el cuerpo. La teoría que sostiene que Dios solo salva al alma está equivocada. Aún nuestros cuerpos pertenecen a Dios. Es fiel y puede guardar irreprensiblemente todo nuestro ser para la segunda venida de Cristo.

Concluye Pablo pidiendoles que oraran por los misioneros y que saludaran a los hermanos con ósculo santo. Les conjuró que leyeran esta carta a todos. ¿Por qué? Porque es inspirada y autoritativa aun para Ud. y para mí hoy día. Gracias, y hasta la próxima.